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En el corazón de Viladecans, el restaurante Cal Mingo se erige como un firme defensor del producto de proximidad y del paisaje agrícola del Baix Llobregat. Su chef y propietario, Mingo Morilla, es una voz autorizada cuando se habla de cocina de territorio. Desde hace más de tres décadas, su propuesta gastronómica ha girado en torno a una idea clara: cocinar con lo que da la tierra más cercana, valorando no solo la calidad del producto, sino también el impacto social, económico y medioambiental de su origen.

Vinculado al proyecto Sabors de l’Horta y al colectivo CUBAT (Cuina Baix Llobregat) —una agrupación de cocineros y restauradores que comparten la filosofía del kilómetro cero—, Cal Mingo no entiende su cocina sin el contacto directo con los payeses. “El producto de proximidad no es solo proximidad: es excelencia, economía circular y un paisaje que necesita respirar entre tanta infraestructura”, sostiene Mingo, convencido de que su labor va más allá de los fogones.

La relación con los agricultores de la comarca es estrecha y humana. A menudo, quienes le proveen se convierten también en amigos y en parte del ecosistema familiar que sostiene el restaurante. No se trata de un producto fetiche, sino de una adaptación constante a lo que ofrece cada temporada: espárragos, cerezas, alcachofas, tomates —de los que destaca su calidad y variedad—, calabazas, lechugas o coles. En su carta, platos como el bacalao con tomate natural al horno o la sopa de tomate con cuscús de coliflor se convierten en vehículos para contar una historia de respeto al territorio.

“Cuando se pierde una receta, se pierde parte de la cultura del lugar”

Mingo defiende una cocina adaptativa, sencilla en su forma pero profunda en intención. Reivindica el valor de lo humilde, de lo auténtico, de lo que nace de la tierra sin artificios. Y alerta del riesgo de perder ese vínculo con la tradición: “Cuando se pierde una receta, se pierde parte de la cultura del lugar. Nos duele perder especies animales, pero no reaccionamos igual ante la desaparición de un plato que habla de nuestra memoria”.

La visión de este veterano cocinero trasciende el presente. En su etapa actual, quiere devolver a la sociedad todo lo que su oficio le ha dado. Participa en talleres escolares, colabora con entidades sociales y lidera proyectos de cocina de aprovechamiento. Su objetivo: educar a las nuevas generaciones en una alimentación saludable y consciente, basada en el respeto al entorno y en el valor de lo que se tiene cerca.

Filosofía del Km 0

El producto de proximidad no es solo proximidad: es excelencia, economía circular y un paisaje que necesita respirar entre tanta infraestructura

Para Mingo, el Baix Llobregat es un territorio que aún debe creerse su potencial gastronómico. “Hay que poner en valor lo que tenemos: una paleta de productos locales de primer nivel y una cocina catalana que, sin dejar de evolucionar, puede y debe conservar su alma”, afirma. Desde Cal Mingo, esa alma se cocina cada día, entre sabores, texturas y raíces profundamente ancladas en la tierra.

Para Mingo, figuras como Ferran Adrià han sido claves en el cambio de paradigma culinario, actuando como detonantes de una nueva manera de pensar la cocina.

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